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Periódico Excélsior del 25 de Septiembre de 1952

  Pedro Martínez de la Rosa, nacido en Irapuato tuvo el interés de historiar no solamente su ciudad, sino la región, es por eso que sus escritos resultan ser muy importantes para la historia de Santo Domingo, lo podemos considerar como pionero en la búsqueda de documentos que sustentan los acontecimientos de esta parte del Bajío y hacen a un lado las muchas fantasías que se han ido tejiendo por estos lares. Colaboró intensamente en la sección dominical del Excélsior “Diorama de la Cultura”, en donde el 28 de septiembre de 1952 aparece el siguiente artículo:

  “Con la fundación de la villa de Santo Domingo, las nuevas tierras dedicadas al cultivo y regadas por el río Lerma mediante trabajos ejecutados para ese objeto, pasaron a formar parte de la rica región conocida más tarde como la del Bajío, considerado como el Granero de la República.



  No hemos encontrado todavía el nombre de las personas que como autoridades gobernaron por primera vez la naciente villa; pero si se tiene en cuenta el empeño y diligencia con que don Bartolomé Sánchez Torrado trabajó para fundar la villa y conseguir las mercedes que el virrey otorgó a la población, es de creerse que fue aquel su primer Alcalde Ordinario, con tanta mayor razón cuanto que para su nombramiento o designación, se hacía por elección popular. En la merced otorgada para ese objeto (el de la fundación), se indicaba cada un año, el día de Año Nuevo, eligiendo los Regidores salientes y (de que) los tales electos usen a los regidores que hubieren de ser el año siguiente; desde luego de sus oficios… y asimismo puedan elegir y nombrar un alguacil… y un escribano el que les pareciere más hábil y suficiente, los cuales tengan obligación de llevar aprobación y confirmación (del virrey)”. Aunque en el caso de Santo Domingo esos nombramientos por ser los primeros que se hacían, la propia merced indicaba que los primeros cuarenta fundadores del pueblo fueran ellos quienes hicieran la elección, procurando hacerlo en personas de edad, honradez y competencia y si para tales nombramientos se eximió a la villa de esperar el año nuevo, fue debido a las gestiones suplicatorias hechas por el mismo Sánchez Torrado, al estar empeñado “en que no sufriera perjuicio la población por el retardo en la repartición de la tierra dedicada al cultivo, para la cría del ganado y a la entrega de solares.


   De acuerdo con las disposiciones recibidas, tanto los primeros regidores como el alcalde, dieron desde luego principio a la repartición de las tierras con estricto arreglo a lo dispuesto por la merced guardándose en cada caso no invadir propiedades ajenas. Los títulos que al efecto se extendían para el debido resguardo de cada propietario, eran ciudadanos cuidadosamente conservados por los interesados, quienes en caso de pérdida o deterioro podían solicitar y pedir a las autoridades correspondientes un “traslado” del original debidamente autorizado para hacer fe en juicio o fuera de él. A este respecto hemos encontrado una interesante demanda hecha por Luis Casimiro Alfaro, reclamando la entrega de una Real Cédula concedida a Reyes Alfaro con las que se amparaban ciertas propiedades consideradas como suyas y recibidas como herencia, En las diligencias practicadas con este motivo, se encuentra una información testimonial justificando el parentesco del peticionario con el primitivo propietario Reyes Alfaro y una relación de personajes intermediarias entre uno y otro pudiendo servir este dato para conocer los nombres de los primeros pobladores salmantinos.


  El dieciséis de mayo de 1613, es decir, trece [sic] años después de la fundación de Santo Domingo le fue mercedada a Juan Hernández una caballería de tierra en las propiedades de Francisco Santoyo y Diego de Tamayo. Aun cuando el expediente  de donde hubimos este dato no da más informes, habiendo examinado varios documentos antiguo, relacionados con esta región encontramos cierta posibilidad de localización de la propiedad en la mencionada merced.


  De la diligencia posesoria practicada al ser entregada la tierra para la fundación de la villa aparece que se tomaron, además de tierras baldías partes de las propiedades de Alonso Pérez Bocanegra, dueño de la estancia de Mancera; las de Gaspar de Valdés, en la denominada Valtierra y de la de Barahona; y , por último de la estancia perteneciente a los herederos de Juan Velázquez de Salazar. Con todas estas tierras se formó la villa de Santo Domingo. Para el pago de las del primero, se les valuaron en quinientos pesos, a las del segundo, en dos mil; y en cuanto al tercero, el documento que examinamos expresa que se le indemnizará con otra propiedad previamente señalada y de conformidad con los interesados. En el mandato expedido por el virrey el veinte de noviembre de 1602, se indica la forma de pago en que se garantizaba y ante qué autoridades debía otorgarse la garantía hipotecaria“. (1)

   Sobre este personaje, Reyes Alfaro, hay una gran discusión, se dice que los documentos que presentó son apócrifos, incluso se ha dudado de su existencia pero, ahora que tenemos la ventaja de acceder al las fichas del AGN, vemos dos  expedientes en donde se le menciona, sería interesante ver el contenido de ambos y cotejar si es lo mismo de una copia (la apócrifa) que hay en el Archivo Parroquial de Santo Domingo.

Mientras eso ocurre, agregamos una leyenda más a las varias que tiene la ciudad de Santo Domingo, la de Don Gaspar de los Reyes de Alfaro, Conquistador de Chichimecas por Su Majestad, el Rey de Republica Dominicana.Fuente:Excélsior, 28 de septiembre de 1952, página 7-12 C

Source:elsenordelhospital.blogspot.com