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Memoria Viva: Discurso en la Asamblea General – Enrique Erro

Señor Erro: (…) Tengo un deber moral con mi país y con esta Asamblea. Dije al principio de la misma, cuando el compañero señor legislador Terra manifestó que había recibido un determinado material -se nos envió a muchos legisladores, incluso pude ver a algunos de ellos con cassettes en sus bolsillos, no son pocos, pero no tengo por qué dar sus nombres-, que lo iba a leer.
El señor legislador Terra hizo un último intento frente a la Asamblea General -y lo hizo como es él, con total sinceridad-, sin querer con ello impedir su pronunciamiento, porque aunque estuviéramos 15 días aquí, somos hombres políticos y sabemos que hay una mayoría de los partidos Colorado y Nacional para votar esto que, realmente, creo que puede ser muy desgraciado para el futuro del país.
El señor legislador Terra insistió en su planteamiento, y no lo entendieron. Todavía tuvo que soportar las expresiones infelices de algunos señores legisladores que le imputaban actitudes que él no tuvo. Quiso hacerle un bien al país a través de su moción, y no se le entendió. Es decir, que siempre está presente esa política de no dialogar, de no comprender, de rechazar, de aprovecharse de la mayoría para dar un mazazo a las buenas intenciones del compañero del Frente amplio.
Entonces, no podemos terminar nuestra exposición sin que nosotros, que al igual que tantos compañeros, recibimos el mismo material, le demos lectura.
(…) Señor presidente, nosotros vamos a dar lectura a este documento que llegó al parlamento. El parlamento escuchará la lectura del documento que muchos han recibido, al cual algunos le niegan autenticidad -esto habrá que investigarlo-, pero pienso que está la cassette, que la voz sea de la misma persona, que además hace las denuncias graves, porque este hecho debe inscribirse en esto que estamos viviendo hoy.
Este “Escuadrón de la Muerte” y estos hombres con cargos importantes en determinados sectores del orden de la sociedad, o que tendrían que cumplir el orden de la sociedad, dan razón a cuando tantas veces levantamos la voz, y muchos habrán pensado que nosotros lo hacíamos quién sabe con qué intención.
No, señor presidente: lo hacíamos con el único propósito de contribuir, al final de la jornada, a la gran paz en el país, porque sin ella no habrá progreso ni habrá cambios ni absolutamente nada.
Esa ha sido la intención, y no otra. Nadie podrá adjudicarnos otras que las que emanan de nuestras palabras y de nuestra actitud.
El documento dice así: “Yo (y aquí tengo que dar un nombre porque públicamente se ha dado, como el de una persona detenida), Nelson Bardesio, oriental, casado, de 31 años, funcionario del Ministerio del Interior, declaro ante el Tribunal del Pueblo mi participación en los hechos que conozco en relación con atentados terroristas. Desde diciembre de 1970, cumpliendo órdenes de mis superiores en el Ministerio del Interior, participé en los atentados que detallo a continuación:
1) Contra el domicilio del doctor Arturo Dubra. Lo ejecuté conjuntamente (quiero hacer una salvedad: yo no voy a leer los nombres y solamente lo voy a hacer en el caso de que el nombre pertenezca al de una persona que cayó en esta lucha; voy a evitar todos los demás porque entiendo que el lugar donde daremos los nombres será, entonces sí, en el Senado de la República, cuando el próximo martes, en un debate importante, desde luego, seguramente se vote por unanimidad para que esto se esclarezca hasta el fin -y estoy seguro que hasta tranquilizará al Ministro del Interior una investigación de este tipo-, la designación de una comisión investigadora donde, repito, daré todos los nombres para que se tomen las declaraciones debidas) con el capitán de marina Ernesto Motto Benvenuto, que trabaja para el M-2, Inteligencia de la Marina, y es enlace oficial entre el Estado Mayor Naval y la Jefatura de Policía. Fuimos en un automóvil de Jefatura que condujo. Entramos por la rambla, y estacionamos el coche por Iturriaga, a unos 40 ó 50 metros de la casa de Dubra. Nos bajamos y yo fui hasta la casa, colocando la bomba en una jardinera y disponiendo una mecha larga que nos diera tiempo a salir del área, ya que hay guardia armada en una embajada que está situada en frente de la casa. Una vez encendida la mecha, lo que hice rápidamente, caminé hasta estar fuera de la vista de la guardia de la embajada, y luego corrí hasta el auto, saliendo de la zona inmediatamente.
2) Contra el domicilio de la doctora María Ester Gilio. Utilizamos dos coches, proporcionados por la Jefatura. En uno iba yo con (…) y en el otro, de custodia, viajaban tal, tal y tal. Entramos por Alpes, y estacionamos a la altura de Golfarini y Basáñez. Me bajé, llegué hasta la casa y arrojé la bomba hacia el jardín, regresando rápidamente y saliendo ambos vehículos de la zona.
3) Contra el domicilio del doctor Artucio. Utilizamos un coche proporcionado por la Jefatura. Con él levanté a (…) en 8 de Octubre y Comercio, desde donde llegamos hasta la zona, dando un par de vueltas. Pasamos con el auto a unos 20 metros de la casa. Me bajé y arrojé la bomba hacia el jardín, saliendo inmediatamente de la zona. Dejé a (…) en 8 de Octubre y llevé a (…) hasta su casa. Posteriormente dejé el automóvil en Canelones esquina Ibicuy y me retiré, avisando a Mesa de Radio de Jefatura el lugar donde quedaba el coche.
4) Nuevamente contra el domicilio del doctor Artucio. Utilizamos un coche de Jefatura que recogí en la calle Canelones conjuntamente con (no doy los nombres). Luego aguardamos en la Plaza del Viejo Pancho (Avenida Republica Dominicana y Boulevard Artigas) la llegada del comisario (…), jefe de (…). Llegó algo retrasado en un automóvil conducido por el inspector (…). En el coche de Jefatura conducido ahora por (…) nos dirigimos hacia la zona, donde dimos varias vueltas hasta estar seguros de que no había vigilancia ni patrullaje”.
Quiero hacer un pequeño paréntesis. Solicito que los taquígrafos tomen totalmente la versión, porque a veces piden el documento y entiendo que no puedo entregar este documento a los taquígrafos, pues a pesar de su inmensa honradez creo que esto no puede salir de mis manos, a pesar de saber que hay otros compañeros que lo tienen, aunque sé que lo van a manejar con la misma discreción que yo. Hecha esta constancia, continúo.
“Estacionamos el coche en la esquina de la casa, bajando yo con (…) de custodia. Colocamos un pan de gelinita en la puerta del garaje y regresamos al auto, saliendo de la zona.
5) Contra el domicilio del doctor Liberoff. Teníamos información de que la casa estaba vigilada, por lo que un par de días antes mandé realizar una observación, no advirtiendo nada fuera de lo normal. Realicé el operativo con (…) en un automóvil de la Jefatura que luego conservé en mi poder (no digo el auto porque está la matrícula, aunque se dice que es ficticia).
Pasamos un par de veces por el lugar sin registrar nada anormal. No obstante le indiqué a (…) que apenas entreparara el automóvil arrojara el artefacto (medio pan de gelinita) hacia el jardín, cerca de la puerta del garaje. Salimos de la zona sin inconvenientes.
6) Contra el domicilio de la doctora Alba Dell´Acqua. Este atentado fue ordenado y calificado, pero no llegó a realizarse, debido a que consideré que el automóvil proporcionado por Jefatura (al que me referí antes) no estaba en condiciones mecánicas adecuadas. Al ser informado de esto, el ministro del Interior ordenó al jefe de policía que resolviera tal dificultad, pero por razones que desconozco, la orden no fue oportunamente cumplida. Estos atentados me fueron ordenados por el coronel … (no digo lo demás) en forma directa o a través del oficial inspector (…). La orden provenía del (…), luego, reemplazado por (acá puedo decirlo, porque es uno de los fallecidos) Armando Acosta y Lara, estaba en conocimiento del inspector (retirado) (…), director (…), donde yo trabajaba. Fulano, fulano y fulano formaban parte de un grupo de vigilancia inicialmente entrenado por mí en el período que Fulano ocupó tal cargo. Este grupo recibió un curso complementario de entrenamiento en Santo Domingo, dictado en el Servicio de Informaciones del Estado (SIDE). La gelinita utilizada en los atentados me fue entregada personalmente en Santo Domingo por el capitán (es un capitán argentino, pero no voy a dar tampoco el nombre), jerarca del SIDE, con quien tomé contacto por indicación del subsecretario (…) El día y la hora en que se realizaban estos atentados quedaban bajo mi decisión, debiendo ser previamente comunicados al (…), para que éste dispusiera la suspensión del patrullaje policial en la zona correspondiente, a efectos de evitar un encuentro entre nosotros mismos. Por conversaciones mantenidas en el Club Naval, me consta también que grupos integrados por elementos militares han realizado atentados de esta índole. El capitán (…) comandaba uno de estos grupos, integrados por gente del Servicio de Información de Defensa (SID). Sus «operativos de mucho ruido» eran diariamente comentados en los almuerzos del Club Naval. El capitán (…) había organizado a su vez un grupo terrorista integrado por subalternos suyos. El mismo contaba que su grupo había realizado varios operativos sin tropezar con dificultades, como por ejemplo la balacera contra el domicilio de la doctora Gilio. El capitán (no puedo agregar otra cosa), por lo que su grupo terrorista debe haber sido heredado por (…) quien lo sustituyó en ese puesto. Por indicación de (…) la Jefatura de Policía dispuso que grupos de la Guardia Republicana pintaran leyendas en los domicilios de militantes tupamaros presos y de otras personas. Declaro que todo lo antedicho es un fiel recuento de los hechos, y admito mi participación en los mismos y la responsabilidad consiguiente, para constancia de lo cual firmo. Nelson Bardesio”
El segundo documento dice:
“Yo, Nelson Bardesio, oriental, casado, de 31 años, funcionario del Ministerio del Interior, declaro ante el Tribunal del Pueblo mi participación y todo lo que conozco acerca de la penetración de agentes y organismos extranjeros en las fuerzas represivas uruguayas: Ingresé a la policía de Santo Domingo el 15 de agosto de 1963, después del curso de preparación funcional. Pasé al Departamento de Vigilancia de Investigaciones, Sección Homicidios. En los últimos meses del año 64 pasé a desempeñar funciones en la Ayudantía de Investigaciones. En 1966, después de las elecciones en las que resultó electo presidente el general Oscar Gestido, un amigo de Jefatura (elimino su nombre), me propuso preparar en común un proyecto para crear una dirección de inteligencia policial, que tendría nivel nacional. (…) era muy amigo de la esposa de Gestido, y debido a esa vinculación, él había podido enterarse del propósito del nuevo gobierno de crear dicha dirección. Preparamos el proyecto, (…) tuvo nuevas conversaciones con (…) y con (…), y tras algunos trámites se nos puso en contacto con el coronel (…, jefe de tal cosa). En marzo o abril del 67, el coronel tal nos puso en comunicación con William Cantrell, asesor norteamericano de la Oficina de Asistencia Técnica que dependía de la Agencia para el Desarrollo Internacional, AID, de Estados Unidos. Aunque nuestro proyecto no tuvo andamiento, ya que los asesores norteamericanos habían establecido sus propios lineamientos para la creación de la nueva dirección. Fulano y yo fuimos incorporados al núcleo original de funcionarios que formarían parte de la Dirección de Inteligencia. Fulano fue encargado de las actividades estudiantiles, y yo pasé a ocuparme de la responsabilidad administrativa, de lo que es el local de Inteligencia de 18 y Paullier, trabajando junto con Cantrell, pues por su intermedio se obtenía el material necesario para las instalaciones de las oficinas, radio y laboratorios fotrográficos, al que una vez terminado me integré. Supongo que Cantrell era funcionario de la CIA. Se movía con una gran independencia, incluso en la oficina técnica de AID, cuyo jefe de entonces era un hombre muy entrometido que, sin embargo, no se inmiscuía para nada en lo que hacía Cantrell ni en la Dirección de Inteligencia. Cantrell, además, trabajaba con fondos propios. La Dirección de Información e Inteligencia se organizó con fondos de la jefatura y de la embajada norteamericana. Si se trataba de refaccionar el edificio, en materia de albañilería, pintura o alguna cosa de ésas, los fondos los proporcionaba la Jefatura. Si era para material técnico, máquinas de escribir o cualquier otra cosa, los proporcionaba Cantrell. Estos fondos no provenían de la AID sino directamente de la embajada, y que la AID no proporciona fondos, sino que financia adquisiciones y luego hay que pagarle esas adquisiciones. Además de mi trabajo en el laboratorio fotográfico, yo le servía de chofer a Cantrell en un yip de la embajada que era utilizado por la Dirección de Inteligencia. Lo iba a buscar a su casa por la mañana y lo llevaba a la Dirección de Inteligencia, o a la Jefatura, o a la embajada. Si lo llevaba a la Dirección de Inteligencia, cerca del mediodía debía trasladarlo a la embajada. En cualquier caso a las 5 y media ó 6 de la tarde, lo recogía en la embajada y lo llevaba a su casa, quedándome con el automóvil por la noche. Una vez por semana lo llevaba a (…), dejándolo allí, pues él se iba más tarde en el automóvil de su esposa. La Dirección de Información e Inteligencia comenzó a organizarse entre noviembre y diciembre de 1966. Por mi trabajo en el laboratorio fotográfico yo dependía del subcomisario (…), quien era, a la vez, el encargado de procesar todo el material que se recogía y simultáneamente el responsable del reclutamiento y entrenamiento. De todo ese trabajo se entregaba copia, diariamente, a la embajada norteamericana, siendo Fulano el contacto con ella. No sé exactamente cuándo comenzó a pasarse copia de la información a la embajada, pero tal cosa ya estaba establecida antes de mi ingreso a la policía, y se realizaba con pleno conocimiento del jefe de policía y del Ministro del Interior. A nivel de los jerarcas Cantrell realizaba los contactos abiertamente, visitando en su despacho a fulano y fulano. Después que se fue Cantrell, Fulano y Fulano hacían los contactos con la embajada en el Victoria Plaza, donde almorzaban periódicamente con un funcionario norteamericano a quien llamaban simplemente Roberto. Estos contactos los debe realizar actualmente el inspector tal, quien probablemente sea el único que conozca oficialmente el contacto de Inteligencia y la embajada norteamericana. Como ya dije, cuando yo trabajaba en DII el contacto orgánico con la embajada lo mantenía Fulano. En caso de licencia o enfermedad de éste, quien lo sustituía era el subcomisario tal, que debe estar, actualmente, a cargo del fichero de Inteligencia y del contacto con la embajada desde que fulano se fue a vivir con su familia a (…) a fines de 1971, tras el segundo atentado de que fue objeto su casa. Fulano recibía dinero de Cantrell por algún trabajo especial. Esto explica que haya abandonado, a los pocos meses de estar en la División de Inteligencia, un trabajo particular que tenía en una oficina de informes comerciales. Yo no recibía pago extra de Cantrell, pero en más de una oportunidad él me ofreció dinero en préstamo, lo que acepté cuando se me presentó un problema en la caja chica que yo manejaba en (…). En esa oportunidad Cantrell me prestó once mil pesos. El correo con la embajada estaba y está a cargo del sargento tal, quien utiliza para esa tarea un yip negro en el que viaja diariamente entre la DII y la embajada norteamericana, de tal hora a tal hora aproximadamente, acompañado de un chofer y un custodio. Se envía a la embajada copia de todos los partes y de las informaciones procesadas en Jefatura. Por su parte la embajada solicita periódicamente copia de determinadas informaciones que utiliza, especialmente grabaciones de los teléfonos intervenidos. Además de Cantrell y (…) conocí a otros funcionarios asesores norteamericanos. Fulano, funcionario de la embajada y amigo de Cantrell, desapareció inmediatamente después que se descubrió la centralita telefónica de Pocitos, desde donde se interceptaban los teléfonos de la embajada soviética. El descubrimiento de la centralita puso muy nerviosos a los norteamericanos; el mismo Cantrell intercedió para que se dejase en libertad al matrimonio español que figuraba como ocupante de la casa de la calle Ellauri donde estaba instalado el equipo de intercepción. Fulano era asesor de la oficina de asistencia técnica de AID. Aunque eso no entraba en sus funciones, sé que fulano, a instancia del capitán tal, jefe de tal, dictó un curso de instrucción de tiro a varios integrantes de (…). Como ya declaré ante el Tribunal del Pueblo, fulano había formado un grupo con subalternos de confianza para realizar atentados. Fulano fue el sustituto de fulano. Se encargaba del trabajo administrativo de la Oficina de Asistencia Técnica y de organizar los cursos regionales para las policías del interior. Era norteamericano, de ascendencia mexicana. Usaba un Maverick de Jefatura, y lo vi a menudo conversando con el coronel tal que era tal y después fue nombrado tal. Dan Anthony Mitrione me fue presentado como sucesor de tal. Lo vi muy pocas veces, pues no concurría tan asiduamente como tal a Jefatura; en esas ocasiones sólo cambiamos saludos o algunos comentarios sin trascendencia. Sobre los actuales asesores norteamericanos, sólo conozco el nombre de un tal, que según tengo entendido sustituyó a fulano. Conocí también a un técnico norteamericano en fotografía, cuyo nombre no recuerdo, que me enseñó a cargar y descargar una cámara traída por la embajada e instalada en el Aeropuerto de Carrasco, para fotografiar los pasaportes de los pasajeros que ingresan al país. Tengo entendido que el mecanismo de esta máquina es considerado en Estados Unidos secreto militar. Aún después de dejar el laboratorio fotográfico de la DII y pasar a la secretaría de fulano, yo continué concurriendo a Carrasco semanalmente para retirar el filme y recargar la cámara, pues no había otro que supiera hacerlo. A mediados de 1970, pasé al Ministerio del Interior para participar en la organización de un grupo de información que dependiera directamente del ministerio. Me fue asignado un grupo de 5 hombres para que les diera entrenamiento como equipo de vigilancia. Esos 5 funcionarios eran tres provenientes de la policía de tal, y los otros, fulano y fulano, seleccionados de tal. Luego de que yo les proporcionara la instrucción básica, se decidió enviarlos a Santo Domingo para que recibieran un curso complementario de perfeccionamiento. A principios de 1971, cumpliendo instrucciones expresas de fulano, viajé a Santo Domingo llevando los formularios personales de los 5 funcionarios para ajustar los detalles del curso. Me entrevisté con el capitán tal del Servicio de Informaciones del Estado (SIDE) de Republica Dominicana. Este recibió los formularios y me entregó un paquete conteniendo tres panes de gelinita, para que los entregara en el Ministerio del Interior. El subsecretario tal me había dicho que en SIDE me sería entregado un paquete, que no me había indicado de qué se trataba, lo que me fue explicado por tal. Según supe posteriormente, la gelinita debía ser usada en un atentado contra el mayor Pablo Vicente, argentino radicado desde hace varios años en Santo Domingo, a cambio de lo cual el SIDE dictaría el curso a los 5 funcionarios uruguayos. El atentado contra el mayor Vicente no se realizó supongo que por indecisión de tal, pero la gelinita fue luego utilizada en atentados contra el doctor Artucio y el doctor Liberoff, sobre los cuales ya he testimoniado ante el Tribunal del Pueblo. Los 5 funcionarios recibieron su cargo en el SIDE, que incluía: fotografía, vigilancia, escuchas telefónicas, cerrajería y actividades antiterroristas. Al cambiar tal, entrando el coronel tal, y lugar de tal, se desestimó la idea de crear un servicio de información, y los funcionarios del equipo a mi cargo, salvo fulano que solicitó su baja, fueron enviados a sus domicilios quedando a la orden; más tarde participaron en los atentados ya referidos al tribunal. Tengo conocimiento de que una misión brasileña de alto nivel visitó Santo Domingo, entrevistándose con el jefe de policía, coronel tal y con el director tal, con el objetivo de estrechar relaciones entre la policía brasileña y la uruguaya. La misión brasileña ofreció incluso la instalación de un equipo de radiocomunicaciones directas entre Republica Dominicana y Santo Domingo. Ignoro si este proyecto se concretó. Siendo subsecretario del Ministerio del Interior Armando Acosta y Lara, el comisario tal fue llamado al despacho de éste y allí recibió instrucciones de tomar contacto con la Embajada de Republica Dominicana en Santo Domingo. Este hecho fue comentado por el propio tal. Como resultado de sus contactos, por lo menos dos funcionarios de tal viajaron a Republica Dominicana, para recibir entrenamiento estilo “escuadrón”. A su regreso esos funcionarios trajeron 10 revólveres calibre 38, que fueron entregados a la JUP a través del Ministerio del Interior. Los dos funcionarios aludidos, cuyos nombres no recuerdo, pasaron a órdenes del paraguayo tal, asesor y hombre de confianza del secretario Acosta y Lara. A las órdenes de fulano, conjuntamente con el subcomisario tal (que es uno de los fallecidos) el oficial tal y el inspector tal, el capitán tal, el integrante de la JUP tal, y yo, esos funcionarios participaron en el secuestro y posterior asesinato de Héctor Castagnetto da Rosa. Declaro que todo lo antedicho es un fiel recuento de los hechos y admito mi participación en los mismos, y la responsabilidad consiguiente, para constancia de lo cual firmo”.
“Yo, Nelson Bardesio, oriental, casado, de 31 años, funcionario del Ministerio del Interior, declaro ante el Tribunal del Pueblo mi participación y los hechos que conozco en relación con la creación y funcionamiento de grupos parapoliciales:
a) A mediados de 1971, se me apersonó el ayudante militar del ministerio, coronel (PAM) XX, perteneciente a las F.A.U., acompañado de dos personas a las cuales me presentó. Una de ellas era XX, de nacionalidad paraguaya y a quien llamaban «Doctor». XX me manifestó que, por orden de Acosta y Lara, XX iba a realizar algunos «operativos especiales» y que por lo tanto debía prestarle toda la colaboración que solicitara. La otra persona era un joven de barba a quien llamaban «José» al que posteriormente reconocí como XX, el cual según un comentario suscitado en el ministerio integra la JUP. XX lo nombró varias veces como su principal colaborador.”
b) Algunos días después se realizó una reunión en la Oficina de Estadística, Contralor y Difusión (que servía como fachada a la planificación de atentados sobre los cuales ya declaré ante el Tribunal del Pueblo) que funciona bajo la dirección del inspector (retirado) XX, en la que participaron, además de éste, el oficial inspector XX (quien trabaja en esa oficina), XX y yo. Se planteó la necesidad de enfrentar al MLN. XX se mostró partidario de llevar adelante lo que llamó «acción sicológica violenta». Yo discrepé con él pues pensaba que nos sería más beneficioso desarrollar un servicio de información, a lo que aquél contestó que ésos eran «sueños irrealizables».”
c) En otra oportunidad XX me pidió la llave del estudio fotográfico XX (que yo arrendaba) para realizar allí una reunión compartimentada. Concurrieron además de XX, el jefe del D. 5 comisario XX, el jefe del D. 6, comisario XX, un funcionario de la confianza de éste llamado XX (actualmente procesado por el caso del doctor XX) y XX. A mí no se me permitió asistir a esa reunión, yéndome luego de la llegada de los nombrados, por lo que desconozco si concurrió alguna otra persona. Allí se concretó la formación del Escuadrón de la Muerte.”
d) Tengo conocimiento que como resultado de los contactos que el comisario XX hizo con la embajada brasileña por orden del subsecretario Acosta y Lara, por lo menos dos funcionarios del D-4 fueron enviados al Republica Dominicana, para recibir entrenamiento al estilo escuadrón de la muerte, de donde trajeron 10 revólveres marca XX, caño corto, que fueron proporcionados a XX, a través del Ministerio del Interior para uso de la JUP. Al regreso de Republica Dominicana, dichos funcionarios quedaron a las órdenes de XX, pasando, luego del repentino viaje de éste al Republica Dominicana, al D-1. La mayor parte de los funcionarios de dichos departamentos están vinculados a las actividades de los comandos parapoliciales.”
e) Estos mismos funcionarios participaron junto al subcomisario (segundo jefe del D-5), XX, XX, el oficial inspector XX, el capitán XX y yo en el secuestro y asesinato de Héctor Castagnetto, cuyo relato se detalla en otra acta. Luego de este operativo, la casa de la calle Araucana, donde retuvieron a Castagnetto, fue evacuada y yo me llevé seis metralletas calibre 45, con la marca y el número limados, varios panes de explosivos envueltos en papel cuadriculado con la sigla CCT y dos paquetes cuyo contenido desconozco, quedando depositados en el estudio XX. Dicho material lo entregué en el Ministerio del Interior al capitán XX, para ser pasado al SID, a principios de febrero de 1972.”
f) Al aparecer en la prensa la noticia del asesinato de Ramos Filippini, el oficial inspector XX me comentó que eso era obra de XX y su gente.”
g) El secuestro del doctor XX fue obra del comisario XX y participaron los funcionarios de su departamento XX, XX y XX y los civiles XX y XX. Este operativo fue ideado por XX con la finalidad de quedarse con el dinero del rescate.”
h) El inspector XX, director de la DII, tenía conocimiento de las actividades de estos grupos.”
i) El DAM fue creado por el general XX, siendo sus volantes impresos en la Oficina de Defensa Civil. Luego, el nombre de DAM fue tomado por grupos operativos de la marina.”
“Declaro que todo lo antedicho es un fiel recuento de los hechos y admito mi participación en los mismos y la responsabilidad consiguiente, para constancia de lo cual firmo. Nelson Bardesio. Marzo de 1972.”
Y el último documento, dice:
“Yo, Nelson Bardesio, oriental, casado, de 31 años, funcionario del Ministerio del Interior, declaro ante el Tribunal del Pueblo mi participación y los hechos que conozco en relación con el secuestro y posterior asesinato de Héctor Castagnetto da Rosa:
Encontrándome en la oficina de Estadística, Contralor y Difusión del Ministerio del Interior, el oficial inspector XX requirió mi participación para un operativo. La Oficina de Estadística, Contralor y Difusión, cuyo director honorario era el inspector (R) XX, servía de cubierta a la planificación y ejecución de atentados sobre los cuales he prestado ya declaración ante el Tribunal del Pueblo. El oficial inspector XX era secretario del coronel XX (encargado del Registro de Vecindad) y oficiaba como enlace entre el Ministerio del Interior y el denominado Comando Caza Tupamaros (CCT). Según me dijo el subcomisario XX, del departamento 5 de la Dirección de Información e Inteligencia, le había solicitado su colaboración para dicho operativo, manifestándole que también me necesitaba a mí y a mi automóvil
(y dice las características del vehículo, matrícula ficticia XX1) que pertenecía a la Jefatura de Policía de Santo Domingo y que había quedado en mi poder después de haber sido utilizado en uno de los atentados referidos. En horas próximas al mediodía, me dirigí con el inspector XX hacia el Hotel Carrasco, frente al cual debía esperarnos el subcomisario XX. Al llegar allí, encontramos a XX, a dos funcionarios del departamento 4 (que habían sido enviados al Republica Dominicana para recibir entrenamiento estilo «escuadrón de la muerte» y a un joven que luego me enteré era Héctor Castagnetto. Esas cuatro personas estaban en un automóvil marca XX, que pertenecía al comisario XX, del departamento 4. Pude saber que Castagnetto había sido detenido esa mañana, en Avenida Italia y Propios, por los dos funcionarios del Departamento 4 aludidos. Yo no poseía antecedente alguno sobre la persona del detenido. El subcomisario XX nos dijo que había que «pasear» a éste durante toda la tarde, para lo cual había requerido la utilización de mi automóvil. Castagnetto fue trasladado al automóvil, sentado junto con XX; XX se ubicó adelante. El detenido vestía pantalón y saco y llevaba una bolsa que contenía discos de música popular. Se le notaba algo nervioso, pero no parecía asustado. Informé al subcomisario XX que el auto no estaba en condiciones mecánicas como para andar toda la tarde, contestándome él que me dirigiera hacia afuera, que ya se le ocurriría algo. Un rato después me indicó
que iríamos hasta El Pinar y pasaríamos la tarde en un rancho abandonado que él conocía. Explicó que en ese rancho habían vivido algunos militantes del MLN, contra los cuales se realizó un procedimiento en que él había participado, y que ahora la construcción estaba abandonada. Fuimos hasta la construcción señalada por XX. El ranchito, de construcción algo vetusta, está ubicado en la calle que va del Autódromo a Avenida Italia. Una vez instalados en él yo fui con el coche hasta un almacén que queda en Avenida Italia, a más o menos dos quilómetros de distancia, y compré algún fiambre y dos o tres botellas de agua mineral. Pasamos toda la tarde en El Pinar. La mayor parte del tiempo Castagnetto estuvo sentado en el suelo, en un rincón, esposado. Prácticamente no se habló con él. Sólo XX le hizo algunas preguntas: si aún pertenecía al MLN, a lo que Castagnetto respondió que no; si sabía dónde estaba la Cárcel del Pueblo, a lo que también respondió negativamente; y qué hacía con la bolsa de discos, a lo que dijo que estaba trabajando como corredor independiente de discos. Nos fuimos turnando y mientras uno vigilaba a Castagnetto, los otros dábamos algún paseo por los alrededores. Le pregunté a XX qué pasaría con el detenido y él me dijo que no tenía idea, que ése era asunto de XX. Le hice la misma pregunta a éste, quien me dijo que sólo estábamos haciendo tiempo, mientras los dos funcionarios del departamento 4 que habían identificado y detenido a Castagnetto reunían sus antecedentes y preparaban el interrogatorio. Me indicó que no debíamos hacerle ninguna pregunta a Castagnetto y dijo que los referidos funcionarios «estaban formando un equipo nuevo». Casi al oscurecer partimos hacia Santo Domingo, indicándome XX que tomara por la rambla. Llegamos hasta una casa que queda en la calle Araucana. Allí nos recibió XX, diciéndonos que en la casa se encontraban personas compartimentadas y que deberíamos dar algunas vueltas con el auto, durante diez minutos, mientras dichas personas salían. XX me había sido presentado anteriormente por el coronel XX, asesor militar del … etcétera. Es de nacionalidad paraguaya y le dicen «doctor».* Punto final, 1972, parte de la intervención del senador Enrique Erro, que incluye la declaración textual de Nelson Bardesio. En este documento los nombres propios de los integrantes de] Escuadrón de la Muerte han sido sustituidos por xx Dichos nombres figuran en ”Aviso a la población”

Source:memoriaviva5.blogspot.com