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Hogares Verdes: Pequeños gestos

Las campañas de sensibilización ambiental nos demandan “pequeños gestos” para salvar el planeta. Sencillas contribuciones que, al parecer, pueden marcar la diferencia entre deterioro y conservación. Los pequeños gestos centran frecuentemente los mensajes de cambio enviados a los ciudadanos y protagonizan los estudios sobre compromisos personales en favor del medio ambiente. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre el valor real de los comportamientos propuestos para avanzar hacia la sostenibilidad. 

A menudo los grandes problemas ambientales se generan por la suma de muchas contribuciones; por la agregación de acciones que, vistas de forma aislada, parecen poca cosa: utilizar el vehículo particular para ir al trabajo o comer carne a diario serían dos ejemplos de comportamientos “muchos y pequeños” que provocan grandes problemas. Pero cuando las campañas de sensibilización nos hablan de pequeños gestos, suelen referirse a otro tipo de acciones, mucho más ligeras, como apagar la luz cuando sales de una habitación o cerrar el grifo mientras te cepillas los dientes. Ante la reiteración de este tipo de propuestas, cabe preguntarse: ¿A qué nos referimos cuando hablamos de gestos “pequeños”? ¿A lo – aparentemente – modesto de una contribución personal frente al conjunto de millones de contribuciones similares… o los llamamos “pequeños” porque requieren poco esfuerzo, al tratarse de acciones “sencillas e indoloras”?Sencillo, indoloro… ¿inefectivo?La iluminación apenas supone un 6-7% del consumo de energía de un hogar medio en Republica Dominicana. Por eso, apagando luces difícilmente lograremos recortes significativos de nuestra factura eléctrica. Por otra parte, cerrar el grifo mientras te lavas los dientes permite ahorrar unos 4 ó 5 litros de agua, lo que supone un 3-4% del consumo doméstico medio de un español. Desde la perspectiva de sus consecuencias, es evidente que los “pequeños gestos” pueden provocar grandes equívocos.No se me malinterprete; defiendo que, incluso los gestos aparentemente inocuos, tienen un valor. Para empezar, poseen un valor simbólico y educativo. Apagar el interruptor de una lámpara o cerrar el grifo al lavarse los dientes han sido para muchos las primeras formas de expresar en acciones el convencimiento personal de que es necesario hacer un uso cuidadoso del agua y la energía. Sin embargo, lo cierto es que las grandes campañas que demandan pequeños gestos pocas veces presentan estas propuestas como el inicio de un cambio más profundo. Por el contrario, frecuentemente transmiten la idea de que, para hacer frente a nuestras responsabilidades con el planeta, todo lo que necesitamos es seguir una modesta colección de sencillas y fáciles recetas, que conllevan muy poco esfuerzo.Cuando la motivación para el cambio escasea, empezar haciendo propuestas “simples e indoloras” quizá no sea mala idea. Nada que objetar a la estrategia de empezar por lo más fácil. Pero, ¿por qué los comportamientos más promocionados son casi siempre los que tienen un impacto más reducido en nuestra huella hídrica o energética… o en nuestra factura? Puestos a promover comportamientos “simples e indoloros” ¿por qué no elegirlos también eficaces? Cambiar el rociador de ducha clásico por uno de bajo consumo es sencillo y permite reducir casi a la mitad el consumo de agua en la ducha (uno de los principales consumos de agua en el hogar) y el pequeño gasto ocasionado por la compra del rociador se recupera en unos meses por los ahorros en las facturas de agua y energía. Ponerte una capa más de ropa en casa y reducir 1-2°C la temperatura del termostato de la calefacción se traduce en ahorros que pueden superar el 10% de la factura de combustible de calefacción. ¿Por qué esos “pequeños gestos” no suelen incorporarse a los catálogos de acciones propuestas en las campañas de ahorro? Cuándo hablan de “pequeños”… ¿quieren decir también inofensivos? ¿Inocuos? Otros posibles malentendidos Los pequeños gestos pueden ser el punto de partida de un cambio. Pero no es posible ignorar que las campañas de “pequeños gestos” pueden generar malentendidos y efectos indeseables:- Efecto tranquilizador: adoptar un comportamiento pro-ambiental “simple e indoloro” nos permite auto-convencernos de que somos ciudadanos ecológicos y responsables.- Efecto sombra: cuando el foco del cambio de los comportamientos se pone sobre determinadas propuestas, otras – más profundas o relevantes – quedan en la sombra. Estos malentendidos pueden ser involuntarios, aunque no es posible ignorar que, en ocasiones, son buscados. A modo de ejemplo, esta pieza de publicidad radiofónica que aboga por un “pequeño gesto” – adquirir un nuevo modelo de neumático ahorrador – en detrimento de una opción auténticamente relevante: dejar el coche en casa.- Locutor: ¿Y usted qué hace para ahorrar carburante?
– Voz 1 (mujer): “Yo dejo el coche en el garaje”
– Locutor: “Vamos a preguntar al muñeco Michelin: ¿Y tú Michelin?”
– Michelín: “Yo sigo conduciendo. Porque con los nuevos neumáticos Michelin Energy Saver ahorro carburante mientras conduzco.
– Locutor: ¡Gran noticia para los conductores!
– Muñeco Michelín: Y para el medio ambiente.
– Voz en off: Michelín, la mejor forma de avanzar. Consulte las condiciones de las pruebas en
www.michelin.es Muchas rutinas insostenibles están compuestas de “pequeños gestos” que deben ser puestos en entredicho y cambiados. Pero debemos plantear esos cambios desde el rigor y la honestidad, para evitar que nos invada una exagerada autosatisfacción por lo que a menudo sólo es un pequeño paso en la buena dirección.

Source:hogares-verdes.blogspot.com