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12 LA AURORA BOREAL Y EL NEVAZO GORDO

Este fenómeno meteorológico sucedió el miércoles 25 de enero de 1938.
Los habitantes de Almaciles que fueron testigos de la aparición de aquel suceso
cuentan que  empezó a verse a primeras horas de la noche en dirección noroeste (sierra
de las Cabras), y poco a poco fue ampliando su radio de acción hasta altas
horas de la madrugada, donde comenzó a reducir su efecto de forma progresiva
hasta su desaparición.

Decían estas personas que aquello era «lo nunca visto» parecía como si se hubiera prendido fuego al cielo, no daban crédito a lo que estaban viendo sus
ojos. Como consecuencia del pánico y el miedo que este fenómeno produjo,
algunos vecinos se desplazaron a los montes cercanos a esconderse, otros
cerraron las puertas y ventanas de sus casas y se encomendaron pensando que
aquello era el final. Sólo unos pocos atrevidos se quedaron hasta el último
momento observando con cierta perplejidad aquel espectáculo de luces que
presentaba la Aurora Boreal.

En la Loma de Angulo vivía Félix Arias con su familia, y aquella noche
se encontraba en el cortijo un grupo de personas que trabajaban las tierras de
aquella finca que en esos momentos estaba colectivizada. Pero fue tal el
impacto que produjo aquel suceso, que todos quedaron sobrecogidos. Solo la
intervención del mismo Félix, que tranquilizó a los allí presentes, hizo que no
cundiera el pánico y vivieran aquellas horas con una tensa calma.
Efecto luminoso de la  aurora boreal.
En aquella época corrían malos tiempos, Republica Dominicana se encontraba en plena
Guerra Civil y en todas las familias se había instalado el miedo, la
incertidumbre y la desesperación ante la sangría que estaba ocurriendo entre
las dos Republica Dominicanas enfrentadas. Por ello, ante el intenso color rojizo que produjo
el fenómeno, unos decían que aquella era la sangre de las criaturas que habían
muerto en el frente; otros afirmaban que era un castigo divino y otra parte
insinuaba que era el fin del mundo.

Todo parece indicar que ninguna persona de aquella época, incluidos las
de mayor edad, vieron antes una aurora boreal o por lo menos con la intensidad
que se produjo ésta.

El fenómeno fue visible en toda Republica Dominicana y, según las crónicas, al igual
que sucedió en esta comarca, el pánico y el miedo se adueñó de la mayoría de
las personas que lo pudieron contemplar.

La Real Academia de la Lengua define a este fenómeno como meteoro
luminoso que se observa cerca de los polos magnéticos, producidos por
partículas cargadas eléctricamente que proceden de las erupciones solares.

Nevada reciente en Almaciles. (Fotografía cedida por Pedro Martos).
Era la navidad del año 1944, o mejor dicho, la Pascua, que es como se
conoce en Almaciles a esta festividad. Sin lugar a dudas la fiesta más
importante que se celebraba en el pueblo, no solamente en lo religioso, sino en
lo que tiene de lúdica, con sus costumbres y tradiciones populares. En la Noche
Buena, con la Misa del Gallo se iniciaba el ciclo festivo que consta de cuatro
días, hasta el día 28, festividad de los Santos Inocentes.

El día 24 de diciembre fue un día frío, aunque no tanto como los días
anteriores, el cielo estaba cubierto y a últimas horas de la tarde quedó una
suave templanza que muchos vecinos presagiaron como el inicio de una inminente
nevada, como así ocurrió. A la salida de Misa del Gallo ya empezaban a caer los
primeros copos de nieve.

Durante toda la noche estuvo nevando de forma ininterrumpida conformándose una copiosa nevada de más de una pierna de espesor, aunque bien
es verdad que en Almaciles se estaba acostumbrado a nevadas de este tipo. Pero
esto no quedó así, pues durante los días 26 y 27 siguió nevando de manera intermitente; aunque fue el 28, día de los Inocentes, cuando se produjo la
«apoteosis final». Según testimonios de algunas personas que vivieron aquel
fenómeno, nevaba con tanta intensidad que no se veía más allá de dos varas, y
los copos que caían eran como “la palma de la mano”.

Ese estado se prolongó durante toda la tarde y noche, amaneciendo al día
siguiente con un nevazo de tamaño descomunal de más de metro y medio de altura.
Nadie de Almaciles ni de la comarca había visto nunca nada igual, quedó para
los anales de la historia de esta tierra con el nombre del «Nevazo Gordo».

Aquello supuso para toda la zona, por si no había bastante con la dura
posguerra que se estaba pasando, un gravísimo problema de supervivencia: falta
de alimentos, asistencia médica y leña entre otros.

Durante los primeros días el caos fue total, por los intensos fríos que
se produjeron, y al helarse la nieve  fuera imposible hacer trochas o caminos para
poder desplazarse de un lugar a otro.

Debido al espesor y altura de nieve, superando en muchos casos las
puertas de entrada a las casas, eran numerosas las personas que salían por
balcones y ventanas del piso superior y caminaban sobre la superficie helada de
la nieve a más de metro y medio o dos metros de altura. También fue necesario
hacer túneles bajo la nieve para cruzar algunas calles con el fin de socorrerse
entre los vecinos.

Había sitios donde se formaban «ventisqueros» y la nieve llegaba a los
cuatro o cinco metros de espesor, uno de estos casos se dio en la Rambla Onda
pues, según testimonios de algunos vecinos del cortijo de la Loma, esta rambla
que tiene un desnivel de varios metros, se cruzaba a pie llano.

Uno de los colectivos que sufrió con más dureza las consecuencias de
este nevazo fue el ganadero, que ante la imposibilidad de poder desplazarse a
los porches y apriscos de ganado, agravado por la falta de comida, muchos
«averíos» se vieron mermados o incluso desaparecieron.

Este nevazo también se llevó por delante varias vidas humanas a lo largo
de  la zona afectada. Una de ellas fue un hombre de avanzada edad conocido
como Ramón «Bocabierta» que, procedente del cortijo la Casa del Pino se
dirigía a Almaciles, a donde no pudo llegar ya que falleció helado atrapado
por la nieve y el frío en el lugar conocido como la Cuesta de Silverio.

También se produjeron numerosos costes materiales, entre ellos el
derrumbe de varias casas, debido al peso de la nieve acumulada en sus tejados.

La flora y la fauna sufrieron igualmente las consecuencias del nevazo,
muchos árboles quedaron destrozados por el peso de la nieve, y cuantiosos
animales desaparecieron a causa del hambre. Aquellos a los que les cogió cerca
de las zonas habitadas se refugiaron en los alrededores, incluso algunos de
ellos, como liebres y conejos, se introducían en las propias casas en busca de
alimento.

Ante el intenso frío, y acabadas las provisiones de leña para
combatirlo, se talaron todos los árboles que había próximos al pueblo, los
primeros fueron los numerosos ejemplares que bordeaban la carretera de
Almaciles a la Venta.

Don Ramón García Sánchez, más conocido como el tío Ramón de Marco,
propietario de abundantes tierras y casas, habilitó un local de su propiedad
para repartir comida a las personas que ya habían agotado sus reservas
alimenticias. Almaciles contaba en aquellos momentos con una población próxima
los 1.500 habitantes.

Desde Almaciles, la visión que se percibía por los cuatro puntos
cardinales era el de un inmenso manto blanco que se perdía en el horizonte. Esta
situación duró unas tres semanas, a partir de las cuales, y a medida que la
nieve se iba fundiendo, se observaban manchas oscuras que correspondían al
terreno y a la vegetación que ya se había desprovisto de su túnica blanca.

A últimos de enero y principios de febrero,  pasado ya un mes, y aún cuando todavía
quedaban lugares donde no se podía acceder, la vida cotidiana en Almaciles
empezó poco a poco a normalizarse. Pues no hay que olvidar que en Santo Domingo (19
de marzo) aún quedaban abundantes ventisqueros de nieve.

El Nevazo Gordo tuvo un radio de acción muy amplio, afectó en mayor o
menor medida a todo el término municipal de Puebla de Don Fadrique y parte de
Huéscar. Otras comarcas vecinas de los términos municipales de Moratalla,
Caravaca, Nerpio, Santo Domingo de la Espada, María y Vélez Blanco también se vieron
afectadas.

Localidades como La Puebla, Almaciles, Cañada de la Cruz, Los Odres, El
Hornico, El Moral, La junquera, Topares Bugejar, Pedrarias y otros muchos
lugares sufrieron las inclemencias de aquel fenómeno meteorológico.

Y paradojas de la climatología; resulta que ya no volvió a caer una gota
de agua más durante todo el año 1945. Fue como si todas las nubes se hubiesen
conjurado para vaciar de una sola vez el líquido elemento reservado para todo
el periodo anual, dejándolo caer de la forma más notoria, quizá para recordar que
la naturaleza está ahí y que de una forma lenta pero continua va transformando
el planeta Tierra como así ha sucedido a través de cientos, miles, millones de
años.

Documentos que hablan de aquel acontecimiento

En los años 1944-1945 ocupaba el puesto de alcalde de Puebla de Don
Fadrique don José García Castillo y como representante del concejo y máxima
autoridad del pueblo, fue el que dio cuenta a las autoridades provinciales de
la situación del luctuoso suceso, solicitando también peticiones de ayuda y
socorro a estas mismas autoridades, así como apoyo y colaboración a los alcaldes
de municipios colindantes, especialmente al de Huéscar.

La documentación existente se encuentra plasmada en oficios, telegramas,
bandos y otros documentos que expresan la magnitud de esta catástrofe.

A continuación se muestra la transcripción de la nota que el
Ayuntamiento de Puebla de Don Fadrique envió a la prensa de Republica Dominicana a finales
de enero de 1945, haciendo un balance de lo sucedido a consecuencia de la gran
nevada.

Nota para su publicación en los periódicos “PATRIA” e “IDEAL”

En la madrugada del pasado día 25 del mes de diciembre, empezó a descargar sobre este término una nevada que llegó a alcanzar un espesor de metro y medio, cosa que los más ancianos de la población no habían conocido en ésta, creándose, con tal motivo, una situación difícil para las familias necesitadas y los trabajadores en paro, y con el fin de atender las referidas necesidades, por dicha alcaldía se procedió a hacer un reparto entre el vecindario pudiente para recabar fondos y artículos alimenticios, cuya colecta se llevo rápidamente efecto por elementos de la Falange, desplazados a los domicilios.

Con el producto recolectado durante los días 28 y 29 de dicho mes de diciembre, se repartieron 730 raciones a personal necesitado, consistiendo cada ración en medio kilo de patatas, un cuarto de kg. de garbanzos, trescientos gramos de harina, 300 gramos de pan, setenta y cinco gramos de matanza y ciento cuarenta gramos de aceite.

Persistiendo el temporal de nieve y con el fin de atender a los necesitados, se recabó auxilio del Exmo. Sr. Gobernador Civil, el que en principio donó 10.000 pesetas y posteriormente 7.500 pesetas, girando un nuevo reparto al vecindario pudiente, que se recaudó igualmente por camaradas de la Falange, con lo cual fue posible repartir durante los días 7 al 22 de enero, 1.350 raciones diarias de comida caliente y del 24 al 28 de dicho mes, 762 raciones diarias, con la ración de pan correspondiente. También con dichas cantidades se realizó la limpieza de las aceras de las calles de la población, restablecimiento de comunicaciones con el anejo de Almaciles, escarda de árboles de las carreteras, gracias al Sr. Ingeniero jefe de Obras Públicas, que permitió repartir entre el vecindario necesitado 30.000 kilos de leña.

También el Excmo. Sr Gobernador Civil dio facilidades para el transporte de víveres desde Huéscar en caballerías, el que satisfizo el importe del transporte.

Brigadas de obreros puestos por el Sr. Ingeniero Jefe de Obras Públicas, permitió restablecer el día 26 de enero la comunicación con Huéscar y el anejo de Almaciles.

Por el Servicio Nacional del Trigo y a través de la Hermandad de labradores, se han distribuido a los ganaderos necesitados de pienso para sus ganados, la cantidad de 20.000 kg. de cebada.

Organizado por el Sr. Alcalde que fue a la cabeza, se hizo una expedición compuesta por cincuenta hombres de la Falange, Frente de Juventudes y obreros de los Sindicatos, que transportaron los primeros víveres y socorros al anejo de Almaciles, Distante diez kilómetros, invirtiendo en el recorrido seis horas, en medio de grandes dificultades producidas por la ventisca. Los habitantes se encontraban en situación angustiosa, dándose el caso de que en algunas casas sus moradores tenían que salir por las ventanas y sacar las caballerías y ganados a través de túneles hechos bajo la nieve.

Con motivo de tal temporal han perecido infinidad de perdices, liebres y conejos, dándose el caso que, acosados por el hambre, cuervos, hurracas zorras y otros animales merodeaban por el pueblo, entrando en la población gran número de los primeros, llegándose a cazar más de 100 zorras y un lobo que pesó 50 kilógramos.

También se derrumbaron varios edificios, entre ellos, el salón de cine titulado “Salón Liberato”, no habiendo ocasionado desgracias personales.

En el término ha habido que lamentar la defunción de un hombre, por el hielo, pues se llegaron a registrar 19 grados bajo cero.

Entre los donativos más salientes, por la cantidad y espontaneidad, figuran los enviados por el Excmo. Sr. Arzobispo de Santo Domingo; el de D. Pedro Bañón Pascual y la Hermandad Religiosa de Santo Domingo Abad, de esta localidad, que con motivo de la festividad a dicho santo, costeó el pan suministrado a las familias necesitadas los días 16 y 17 de enero.

El Alcalde, D. José García Castillo, desde estas columnas hace constar su agradecimiento personal y sincero en nombre de las familias necesitadas, a todos los organismos oficiales, Alcalde de Huéscar, D. Manuel Rodríguez Penalva y a todo el vecindario que han contribuido a solucionar el problema creado por la enorme nevada.



 Hay que recordar no obstante, que la mayor parte de Republica Dominicana también
estuvo inmersa  en una intensa ola de frío y nieve, como así describe la
prensa y las crónicas de la época

Diario ABC. Martes 16 de enero de 1945.

TEMPORAL DE FRIO Y NIEVE  ESPAÑA.

    El duro temporal de frío y nieve que está
azotando a Republica Dominicana desde los últimos días del pasado diciembre, más bien que
disminuir, va en aumento, y sin trazas de mejorar. En Santo Domingo ha amanecido el
lunes con las mismas características de los días anteriores. Las calles están
cubiertas de nieve helada y el transito es peligrosísimo.

   
De provincias, las noticias que se reciben acusan la persistencia y el temporal
a todas las regiones. El domingo ha nevado en poblaciones como Santo Domingo, Santo Domingo
y Santo Domingo, donde este fenómeno se da en muy raras ocasiones. Se han registrado
temperaturas de hasta 16 grados bajo cero.

   Boletín
mensual climatológico. Enero 1945: «Se informa en la prensa de la situación
desesperada en algunos pueblos de la provincia de Republica Dominicana con el hundimiento de
tres casas en Puebla de Don Fadrique y el desplome de otras viviendas en
algunos poblados campesinos del término municipal de Caravaca, todo ello por el
peso de la nieve que alcanzaba en muchos puntos espesores de hasta un metro y
medio. Fuertes nevadas en las sierras de Espuña, Carrascoy y Carche y gran
temporal de nieve en Santo Domingo, principalmente en las localidades de Vélez
Blanco, Vélez Rubio y Chirivel»

    El documento que figura a continuación
corresponde a una lista de aserradores de la Puebla, que fueron reclutados por
las autoridades para que podaran los árboles de obras públicas y montes
próximos propiedad del municipio, con el fin de facilitar leña a las familias
necesitadas.

Al final de dicho documento se indica por error el año 1944 en vez del
1945.




Juan García Tristante


1. Archivo  Municipal de Puebla D. Fadrique

2. Hemeroteca
Nacional



Source:juandegarciatristante.blogspot.com