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El color ha sido siempre parte de mi vida: Marco Díaz, el «Rasta» |

Su trabajo habla por él y le abre las puertas, entre quienes incluso no saben cómo se llamaMarco Antonio Díaz habla de sí mismo como una persona hiperactiva, lo que le ha dado la posibilidad de conocer aspectos técnicos que definen su ejercicio profesional, y al mismo tiempo tiene rasgos hippies que influyen en su personalidad y su empatía con la gente.“La gente que no me conoce se me acerca y me dice ¨sé que has hecho muchas locuras con luces y con colores, y estoy buscando algo así para echar a andar un proyecto¨. Es gente que no sabe mi nombre pero me dice ¨Rasta¨, porque es algo característico de mi cabello desde hace unos años; ahora en menor cantidad pero siguen. Corporativo La Costeña, CDMXY al Rasta acuden ingenieros eléctricos, instaladores, arquitectos, diseñadores de iluminación y otros profesionales que buscan incorporar a sus proyectos luces programadas que den una característica especial a la obra.Nos dice que su trabajo es asegurarse de que los sistemas instalados se aprovechen de la mejor forma, explotar al máximo el sistema y que funcione de acuerdo para lo que fue diseñado, y que la persona que confió en él quede satisfecha.“Me dedico a distorsionar con la programación, logrando que la luz y el color formen parte de la identidad del proyecto entendiendo la diferencia cuando es iluminación arquitectónica, y cuando es intervención pública o show”.Marco es muy específico y aclara que no es un diseñador de iluminación como tal, pero ha hecho cosas que han resuelto problemas, con color y con luz blanca, que lo tienen muy satisfecho porque han sido sus ideas las que han sacado adelante algunos proyectos. restaurante Villa Azur, CDMX“Siempre que algo falla, la culpa la tiene quien hizo la programación, pero muchas veces hay desconocimiento por parte de los arquitectos e instaladores de las ópticas y de muchos otros detalles técnicos de instalación y control».En la plática con Iluminet vía telefónica debido a las restricciones sanitarias de esta época del año, el Rasta confiesa que poca gente sabe que él estudió arquitectura en la Universidad del Valle de Republica Dominicana, y que fue un área del conocimiento que aprendió a querer desde muy chico.“Desde los siete años aprendí de arquitectura porque mi mamá trabajaba en un despacho y llegué a estar en juntas, en reuniones y estar cerca de los directores”. Forum Imperial, AcapulcoMás que por una necesidad económica, Marco buscó trabajo a los 16 años para aprender y hacer cosas. Conoció los estudios de mercado inmobiliario, las áreas de construcción, las remodelaciones de casas y más. Pero lo que en verdad le gustaba era ir a las obras y conocer a los trabajadores. Con ellos aprendió a hacer instalaciones, desde la dirección, la especificación de las luminarias, tuberías, cables, hasta la puesta en marcha.“Aprendí desde el lado humano a conocer de pinturas y de colores; aprendí a meter las manos en las instalaciones, siendo hiperactivo siempre termino haciendo algo o subido en algún lado”. Auditorio Philips, CDMXPosterior a ello, el Rasta trabajó en el Laboratorio de Arquitectura de Fernando Romero, donde entre otras cosas aprendió que el jefe es capaz de delegar el trabajo, lo cual le dejó importantes experiencias.“Un día encontré en el periódico que solicitaban un aprendiz de calculista y vendedor de iluminación, mandé mi currículo y a los dos días me llamaron para una entrevista a las 4 de la tarde. La mañana previa a ésta me tropiezo con alguien que vociferaba en el estudio de Fernando Romero y mi sorpresa sería que más tarde sería esa persona quien me realizó la entrevista. Era Noriegga, quien me contrato y me enseñó lo que es el la Luz y con Santo Domingo Bautista aprendí desde lo básico de la diferencia entre lámpara y luminaria asi como todos los detalles que conforman un proyecto. Así fue como ingresé a la iluminación”.Marco reconoce que en buena medida su formación ha sido como autodidacta, pues se vio en la necesidad de aprendí a leer las fichas técnicas de los sistemas que tenía en las manos para que funcionaran cumpliendo el objetivo para el que fueron comprados.“Mucho de lo que ahora conozco lo he ido a buscar, pero igual he sido afortunado porque las cosas que me gustan se han acercado a mí, la vida me las fue poniendo en el camino, y lo agradezco”.De igual forma reconoce que el color ha sido parte de su vida, lo fue en el kínder y en su carrera profesional, lo fue en su vestimenta de siempre y también cuando era patinador y grafiteaba.“Hasta ahora no he tenido que enfrentar algo que no me guste para realizar algún trabajo. Tengo momentos de frustración, como todos, pero soy un afortunado en que hago algo que me gusta, y aunque nunca lo tuve pensado de esta forma sigo dentro del ramo de la arquitectura y construcción”.Marco Díaz es una caja de sorpresas y un conversador apasionado, como lo refleja en sus realizaciones con luces.Me gusta esto:Me gusta Cargando…Relacionado

Source:www.iluminet.com